jueves, 20 de marzo de 2008

Una ocupación no es políticamente rentable

El presidente de EEUU, George W. Bush, ha defendido, como no podía ser de otra forma, la decisión que adoptó hace cinco años de invadir Irak. En su calidad de único superviviente político de la fotografía de las Azores, Bush ha reclamado la validez de una operación militar que provocó no pocos quebraderos de cabeza a Tony Blair al final de su mandato, y ha defendido la necesidad de una guerra que aparece como telón de fondo del peor atentado sufrido por Europa y, por extensión, de la derrota del PP en 2004.

Las palabras justificativas de Bush no encuentran eco en su propio país, donde todos los sondeos hacen hincapié en que los costos de la guerra en Irak están repercutiendo en la situación económica de EEUU.

Ese argumento, basado en la percepción egoísta de los ciudadanos del país invasor sobre su propia situación personal, puede parecer incluso frívolo cuando hablamos de una invasión que ha provocado centenares de miles de muertos, pero no nos engañemos, son ese tipo de argumentos los que inclinarán la balanza con respecto a la continuidad de una operación militar que parece que ya no es políticamente rentable.

Mientras McCain está de gira por Oriente Medio, donde defiende en solitario el legado invasor de Bush, tanto entre los candidatos demócratas como en los principales medios de EEUU sólo se debate en clave de retirada. Las discrepancias afloran al establecer las condiciones y el momento más favorables para que las tropas estadounidenses abandonen el polvorín que han contribuido a crear con su campaña militar en Irak.

Si para Bush la invasión «mereció la pena», para su sucesor lo más rentable será, máxime en una coyuntura de recesión económica, finiquitar un operativo que nunca tuvo como objetivo promover la democracia y sí neutralizar a un actor clave en el escenario de Oriente Medio y preservar los intereses económicos de EEUU e Israel en la región. El costo de esa guerra criminal e ilegal lo han pagado, lo pagan y lo pagarán los iraquíes.



GARA