martes, 11 de marzo de 2008

¿Para quién hace publicidad la luna? (reflexión postelectoral)

Tras el 9-M, en las islas ha quedado un sabor amargo para los clientes de CC, hartos de cenas gratis y mítines donde se habla canario en sentido folclorista chungo. La vida vuelve al curso natural de sus trasiegos diarios, el tranvía continua en su flujo ordinario de eterno retorno, la gente trabajadora cruza la Avenida Marítima cumpliendo con sus laburos para desangrarse por las hipotecas, y en los banquitos de Puerto Cabras permanecerán nuestros mayores recontando sus vidas hasta que baile el sol por última vez.
A nadie se le escapa ya que esto de las elecciones democráticas tiene mucho de circo en temporada, los propios periodistas han denunciado los filtros impuestos por los partidos y las enormes carencias informativas que han generado el monopolio de la palabra entre los partidos centralistas del PP y el PSOE, que se han llevado al lego la mayoría de los escaños, convirtiendo el debate político en una pugna de pressing-catch con exitosa cobertura mundial de espectadores, saliendo mal parado el señor Rajoy, que escapó loco de la prejubilación anticipada.
Todo esto a bote pronto, haciendo una lectura precoz sobre el panorama político de la actualidad y sus consecuencias directas en la vida diaria de las personas, nos puede llevar a la referencia interesantísima de lo que Guy Debord, filósofo francés del mayo del 68, llamó la “sociedad del espectáculo”, que no es como muchos piensan la mera proyección de imágenes publicitarias que por televisión nos invaden para el consumo masivo, sino más bien una cosa todavía más profunda y dañina: la propia relación entre las personas está mediada por esas imágenes que nos condicionan sobre la realidad, lo que es verdad y lo que es mentira, convirtiendo nuestra vida cotidiana en una parte más del espectáculo.
Esto para Canarias tiene un influjo decisivo, metidas en el mercado turístico internacional todo lo que tenga que ver con ellas parece turístico, desde la gastronomía hasta el patrimonio- incluso la literatura como espacio genuino de la cultura, podría verse atenazada por la lógica perversa de la mercantilización-, y en política ya vimos los síntomas del espectáculo elevado a su máxima potencia entre los propios candidatos, que se perfilaban comercialmente desde sus paneles con fondo paisajístico, como las mejores opciones para el ciudadano reducido a puro consumidor, haciendo un marketing siniestro con dinero público entre los vecinos, defendiendo con cantos de sirena unas islas siempre estigmatizadas en un recuadro y con lloriqueos regionalistas en Madrid.
Siguiendo con la filosofía, para empezar a acabar estas notas de reflexión postelectoral, no puedo evitar acordarme de cierto chisme comentado sobre otro pensador alemán, Max Horkheimer, emigrante de la guerra mundial que escapó del nazismo hasta California, que estupefacto por los rascacielos de la american way of live, escuchó a una niña ingenua que absorta diariamente por la propaganda de los gigantes luminosos, preguntó a su madre: “¿para quién hace publicidad la luna?”.
Habrá que esperar cuatro años más para votar, antes en las islas marcadas por la abstención subtropical volverá a repetirse el simulacro democrático con unos comicios autonómicos, frotándose las manos con nerviosismo deportivo los magnates de Soria y Paulino, que sacarán tajada de su pacto frente a la tirada electoral de los flipados socialistas ya bien ingresaditos en la OTAN y con el estómago llenito hasta el 2012.
Para entonces, no sé si el poblado pesquero de Cho Vito seguirá existiendo, no sé tampoco si finalmente nos impondrán el Puerto de Granadilla, no sé si habrán iniciado las prospecciones petrolíferas de Repsol y no sé si la montaña de Tindaya quedará artísticamente vaciada- en mucho dependerá de nosotros mismos y la capacidad de los movimientos sociales que dan oxígeno a nuestro pueblo-, pero como dijera el gran solista del grupo Queen, “show must go on”, el espectáculo debe continuar con la España de “charangas y panderetas” que dijera para siempre Machado, pero ahora en los tiempos neoliberales y posmodernos de Eurovisión donde el Mesías del progreso y el bienestar va trajeado como el guiñol esperpéntico de ZP.

SamirDelgado.org