martes, 19 de febrero de 2008

El día después de la independencia

Los habitantes de Kosovo vivieron ayer su primera jornada tras la proclamación, el domingo, de la independencia del pequeño país balcánico. Esa primera jornada como estado independiente fue un día que se vivió más con la mirada puesta en las esferas diplomáticas que en Pristina. Y es que la cuestión kosovar provoca fricciones permanentes en el seno de la Unión Europea desde hace al menos dos años.

Pristina y Belgrado han mantenido un diálogo condicionado por la posición previa de EEUU en favor de la independencia de este territorio bajo autoridad serbia. El fracaso anunciado de la mediación más formal que real ejercida por la UE no ha cerrado una disputa comunitaria de la que no se puede hacer responsable al pueblo de Kosovo y a su opción de autodeterminación, sino más bien a la dificultad que tiene Bruselas para gestionar sus cuestiones nacionales pendientes. Aunque también en esto hay diferencias, y así Bélgica, confrontada a un proceso de divorcio entre flamencos y valones, aceptará una declaración de independencia en Kosovo que el Estado español es incapaz de digerir.

La UE salva la cara con una declaración que presenta la ruptura de Kosovo con Serbia como «un caso aislado» que no marca un precedente, pero el debate suscitado no se zanja con acuerdos que no despejan cuestiones de fondo. El gran error de la diplomacia europea ha sido diseccionar los problemas de su entorno natural de solución, lo que, como se demuestra en los Balcanes, no alienta salidas basadas en el acuerdo político. Sería de desear que la comunidad internacional deje de tratar a esta región como un laboratorio en el que se azuzan las guerras primero para experimentarse después con modelos políticos con fuerte tutela exterior.

El día después de la independencia en Kosovo marca, en cualquier caso, el inicio de una transición cuyo éxito dependerá de que se desactiven las actitudes externas e internas más hostiles, pero también de que se adopten políticas concretas para paliar la quiebra social alimentada por un largo y doloroso conflicto.